Otra luz que se apaga
Un abrazo muy fuerte Ekaitz
Luz fria







Hoy nos hemos juntado de nuevo todo el rebaño. Es divertido ver a toda la manada unida de nuevo, caminando juntos por interminables pasillos, cada uno a su ritmo. Es un recorrido automatizado pero esencial. Cada miembro del rebaño tiene su propia parcela; los más jóvenes prefieren pastar en las altas montañas de libros, mientras que los más veteranos se recorren el llano y monótono campo laboral. Cada uno carga con su propia lana, y las hay de todos los colores. Nuestro pastor nos guía con carteles en las paredes, y con flechas en el suelo, y es muy meticuloso con los horarios, pues si no llegamos a tiempo al destino indicado, las consecuencias pueden ser graves, y la mayoría de las veces podemos llegar a perder nuestro perro pastor, y tener que esperar media hora al siguiente.